
Vance pospone su viaje a Suiza para las conversaciones técnicas con Irán en medio de incertidumbre logística y tensiones regionales
La Casa Blanca citó desafíos logísticos y la demora de la delegación iraní por los ataques israelíes en el Líbano, mientras el acuerdo marco sigue generando controversia en Washington y Oriente Medio.
El vicepresidente estadounidense J. D. Vance aplazó en la noche del jueves su prevista partida a Suiza, donde debía encabezar el viernes la ceremonia de firma del memorando de entendimiento con Irán y el inicio de las negociaciones técnicas. Un portavoz de la Casa Blanca justificó la decisión señalando que «la logística de estas negociaciones nunca ha sido sencilla ni predecible» y que los planes para la siguiente fase aún no estaban cerrados, aunque la delegación norteamericana permanece lista para viajar «en cuanto surja la primera oportunidad». Vance había confirmado horas antes su intención de acudir personalmente, si bien admitió que el calendario dependía de la llegada de los negociadores iraníes, algo que, según filtraciones recogidas por medios afines a Hezbolá, se habría complicado por la ofensiva israelí en el sur del Líbano.
El retraso introduce un nuevo foco de incertidumbre en un proceso que ya arrastraba tensiones desde su concepción. El memorando, suscrito el 17 de junio por los presidentes Donald Trump y Masoud Pezeshkian, activó un período de sesenta días para negociar un acuerdo definitivo que abarque el programa nuclear iraní, el levantamiento de sanciones y la reapertura del estrecho de Ormuz. Como gesto de buena voluntad, Washington levantó el bloqueo naval sobre los puertos iraníes y permitió el paso de más de una decena de buques, mientras que Teherán se comprometió a invitar al Organismo Internacional de Energía Atómica a inspeccionar sus instalaciones, según reveló el enviado especial Steve Witkoff en una sesión informativa a puerta cerrada en el Capitolio.
Desde la óptica de Oriente Medio, el obstáculo inmediato es la continuidad de las operaciones militares israelíes en territorio libanés. El líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, autorizó el acuerdo pese a albergar una «visión diferente», pero Teherán advirtió de que las incursiones israelíes más allá de los diez kilómetros desde la frontera constituyen una violación flagrante del marco pactado. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, insistió en que sus tropas permanecerán en la zona de amortiguación ocupada «mientras lo exijan las necesidades de seguridad», lo que tensa aún más la frágil tregua. Vance respondió con una reprimenda inusualmente directa a los miembros del gabinete israelí críticos con el entendimiento, instándoles a no «atacar al único aliado poderoso que le queda a Israel en el mundo».
En Washington, el acuerdo ha desatado una tormenta política. Destacados republicanos lo calificaron como «el peor error de política exterior en décadas», al considerar que concede a Irán acceso a un fondo de reconstrucción de trescientos mil millones de dólares y la reanudación de exportaciones petroleras sin garantías firmes de desmantelamiento nuclear. Vance defendió el memorando argumentando que los beneficios para Teherán solo se materializarán si se verifica el cumplimiento efectivo, y subrayó que «las palabras no importan; lo que cuenta es la verificación». El presidente Trump, por su parte, advirtió que una escalada de bombardeos cerraría el estrecho de Ormuz y podría desencadenar una «depresión mundial», en un intento de justificar el giro diplomático ante un electorado inquieto por el impacto económico del conflicto.
Analistas en Europa y América Latina siguen con atención la evolución del pulso negociador. La estabilización de los precios del crudo —más de doce millones y medio de barriles transitaron por Ormuz en una sola noche tras el levantamiento del bloqueo— alivia temporalmente la presión sobre las economías importadoras, desde España hasta Brasil. Sin embargo, la falta de una hoja de ruta clara para la verificación nuclear y la persistente fricción en la frontera libanesa mantienen vivo el escepticismo. Mientras la Casa Blanca insiste en que las conversaciones técnicas comenzarán «lo antes posible», la demora subraya la fragilidad de un entendimiento que, por ahora, descansa más sobre gestos recíprocos que sobre mecanismos vinculantes de supervisión.
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El aplazamiento del viaje de Vance a Suiza subraya la imprevisibilidad de las negociaciones con Irán; informes sugieren que el equipo iraní ha puesto obstáculos, alimentando el escepticismo sobre la solidez del acuerdo y generando preocupaciones de seguridad.
El vicepresidente Vance defendió el acuerdo con Irán, advirtiendo que Teherán debe cumplir para recibir beneficios; aún planea viajar a Suiza para convertir el entendimiento en un pacto a largo plazo, mientras el retraso se atribuye a cuestiones logísticas.
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