
Trump y Milei redoblan su injerencia en el balotaje colombiano mientras Petro denuncia una conspiración
A cuatro días de la segunda vuelta, los respaldos de Washington y Buenos Aires al candidato derechista Abelardo de la Espriella tensan la campaña, con acusaciones de interferencia y alertas sobre la integridad democrática.
La recta final de las elecciones presidenciales colombianas ha quedado atravesada por un inédito alineamiento internacional. A pocas horas de que se abran las urnas para el balotaje del 21 de junio, el presidente estadounidense Donald Trump volvió a utilizar su red Truth Social para pedir el voto por Abelardo de la Espriella, a quien calificó de líder “fuerte, inteligente y tenaz”. Casi en simultáneo, desde Buenos Aires, Javier Milei reveló una conversación telefónica con el candidato y proclamó que “las fuerzas de la libertad” de la región siguen de cerca la definición. El mandatario argentino enmarcó la disputa como un choque entre la libertad económica y el “comunismo empobrecedor”, un encuadre que fue respondido con furia por el presidente Gustavo Petro, quien acusó a Milei de buscar “destruir el progresismo en Colombia” con dineros que, según afirmó sin presentar pruebas, provendrían de un narcotraficante hondureño y del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.
La controversia escaló hasta el Capitolio. Un grupo de once congresistas demócratas, encabezados por Jesús ‘Chuy’ García, dirigió una carta al secretario de Estado Marco Rubio y al secretario del Tesoro Scott Bessent en la que expresó su temor por una injerencia de la Casa Blanca que podría “contravenir los intereses y las leyes de Estados Unidos”. La misiva puso el foco en los antecedentes del candidato derechista, mientras que desde París la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH) emitió una alerta sobre el riesgo de que sus propuestas en seguridad y justicia afecten el Estado social de derecho y las garantías democráticas. De la Espriella, que promete construir diez cárceles aisladas al estilo del presidente salvadoreño Nayib Bukele, llega a la segunda vuelta tras haber obtenido el 43,74 % de los sufragios en la primera ronda, apenas 673.000 votos por delante del oficialista Iván Cepeda, quien alcanzó el 40,90 %.
El estrecho margen y la alta participación esperada en Bogotá —que en la primera vuelta rozó el 68 %— convierten cada voto en decisivo, pero también han encendido las alarmas sobre la limpieza del proceso. Un informe presentado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Naciones Unidas identificó 218 mesas de votación situadas en zonas de alta influencia de grupos armados donde la totalidad de los sufragios fue depositada a favor de Cepeda. Aunque la Registraduría no se ha pronunciado oficialmente sobre esas cifras, el dato alimenta la desconfianza en un país donde el voto no es obligatorio y la abstención suele superar el 40 %. El candidato a vicepresidente de De la Espriella, el exministro de Hacienda José Manuel Restrepo, describió la economía como en “un severo proceso de deterioro” heredado de la administración Petro, un diagnóstico que busca movilizar el voto de castigo.
En el plano doméstico, la campaña ha transcurrido sin debates cara a cara, lo que ha dificultado el contraste programático más allá de las redes sociales. Mientras De la Espriella insiste en su discurso de mano dura y liberalización económica, Cepeda ha llamado a un “acuerdo nacional” y defiende la continuidad de las políticas del Pacto Histórico. Una revisión de líderes de opinión revela un respaldo dividido: diez columnistas se inclinan por Cepeda, cinco por De la Espriella y cuatro votarán en blanco, reflejo de un electorado agotado por la polarización. Analistas en Bogotá advierten que la elevada temperatura retórica y la injerencia foránea podrían profundizar la fractura social, independientemente de quién se imponga.
El desenlace del domingo tendrá repercusiones que desbordan las fronteras colombianas. Desde la óptica de Washington, una victoria de De la Espriella consolidaría el eje de gobiernos alineados con la agenda de Trump en Sudamérica, mientras que un triunfo de Cepeda preservaría el bastión progresista que Petro ha tratado de mantener pese al viraje regional. Observadores en Ciudad de México y Bruselas coinciden en que, más allá de las encuestas que muestran un final abierto, la legitimidad del resultado dependerá de la capacidad de las instituciones colombianas para disipar las sombras de manipulación armada y de injerencia externa que han planeado sobre una contienda ya de por sí excepcionalmente crispada.
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