
Rutte dice que 500 aviones de EE.UU. partieron de Italia hacia Irán; Roma lo desmiente
La afirmación del secretario general de la OTAN desata una crisis política en Italia y reaviva el debate sobre la participación europea en la ofensiva contra Teherán, en vísperas de la cumbre aliada en Ankara.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirmó el martes en una entrevista con Fox News que unos 500 aviones militares estadounidenses despegaron desde bases en Italia para apoyar la operación ‘Epic Fury’ contra Irán, una revelación que desató una inmediata tormenta política en Roma. El Ministerio de Defensa italiano replicó con dureza que la reconstrucción era “totalmente falaz” y que Italia solo autorizó vuelos de carácter técnico y logístico, excluyendo cualquier actividad cinética o de combate, en estricto cumplimiento de los tratados bilaterales vigentes.
La oposición italiana —desde el Partido Democrático hasta el Movimiento 5 Estrellas y la Alianza Verde e Izquierda— exigió que la primera ministra Giorgia Meloni aclarara de inmediato lo sucedido ante el Parlamento, acusando al Ejecutivo de haber ocultado el verdadero alcance de la participación italiana en la guerra. Mientras, el embajador de Estados Unidos en Roma, Tilman Fertitta, elogió el “trabajo excelente” de Meloni y subrayó que los desacuerdos puntuales no afectan la solidez de la relación bilateral. La propia OTAN matizó posteriormente que Rutte se refería a apoyo logístico o asistencia técnica, no a misiones de ataque directo.
El episodio pone de relieve la ambigüedad que rodea el uso de las aproximadamente 120 instalaciones militares estadounidenses en suelo italiano, como las bases de Sigonella en Sicilia y Aviano en el norte. Según analistas en Roma, la distinción entre vuelos logísticos y operaciones cinéticas es jurídicamente clara pero políticamente frágil, ya que actividades de reabastecimiento o reconocimiento pueden ser percibidas como contribución directa a una ofensiva militar. La controversia se inserta en un contexto de tensiones transatlánticas: el presidente Donald Trump había reprochado a Meloni la negativa a autorizar el uso de Sigonella para ataques, y Rutte intentaba demostrar ante Washington que los aliados europeos sí brindaron un apoyo masivo, aunque su intervención logró el efecto contrario.
De forma paralela, Meloni participó ese mismo día en Berlín en una cumbre del formato E5 —Alemania, Francia, Reino Unido, Polonia e Italia— donde los líderes reafirmaron su compromiso con el pilar europeo de la OTAN, el aumento del gasto en defensa hasta el 5% del PIB y el sostén a Ucrania. La declaración conjunta evitó mencionar la polémica de las bases, pero subrayó la necesidad de una “Europa más fuerte en una OTAN más fuerte”. Desde la óptica de Bruselas, la cumbre de Ankara del 7 y 8 de julio se perfila como una cita decisiva para recomponer la unidad aliada, con la probable celebración de un encuentro bilateral entre Trump y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.
El Gobierno italiano, por boca del ministro de Defensa Guido Crosetto, se ha mostrado dispuesto a detallar ante el Parlamento la lista completa de vuelos autorizados, en un intento por zanjar la polémica. Mientras, la Alianza Atlántica insiste en que todos los aliados cumplieron sus acuerdos bilaterales. El dossier queda abierto a la espera de esas explicaciones y de la cumbre de Ankara, donde se medirá la capacidad de los líderes para superar las fisuras exhibidas en los últimos meses.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Los aliados europeos se apresuran a presentar un frente unido de cara a la cumbre de Ankara. Mientras Rutte intenta aplacar a Trump destacando el enorme apoyo logístico desde bases italianas —500 salidas estadounidenses para la campaña de Irán—, Berlín acoge una reunión del E5 para forjar una postura común en defensa. El ambiente es de pragmatismo ansioso, por temor a una ruptura transatlántica sobre el reparto de cargas y la guerra de Irán.
La OTAN enfrenta una presión creciente mientras Trump tilda a la alianza de 'tigre de papel' y el Pentágono revisa los niveles de tropas en Europa. La visita de Rutte a la Casa Blanca se ve como una misión de control de daños, en medio de la frustración por el apoyo limitado de los aliados a las operaciones estadounidenses en Irán y el estrecho de Ormuz. La narrativa subraya una brecha de credibilidad cada vez mayor dentro de la alianza.
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