
Moscú reivindica los 'entendimientos de Anchorage' y rechaza nuevas concesiones sobre Ucrania
El Kremlin afirma que Putin ya cedió al aceptar las propuestas de Trump en Alaska y descarta más compromisos, a la espera de que Washington aclare su postura tras el G7.
En el marco del foro académico “Lecturas de Primakov” celebrado en Moscú, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, reafirmaron este miércoles la adhesión de Rusia a los “entendimientos” alcanzados entre Vladímir Putin y Donald Trump en la cumbre de Anchorage (Alaska) de agosto de 2025. Lavrov sostuvo que Moscú ya realizó una concesión al aceptar las propuestas presentadas entonces por Washington —que, según su relato, contemplaban un cese de las hostilidades y el inicio de negociaciones— y que ahora se le exigen nuevos compromisos, algo que el Kremlin descarta. “No nos rebajaremos a soluciones temporales ni aceptaremos ultimátums dictados por otros”, declaró el canciller, en un contexto marcado por la intensificación de los ataques ucranianos con drones sobre territorio ruso y por la reciente cumbre del G7 en Évian-les-Bains, Francia.
Desde la óptica de Moscú, los denominados “entendimientos de Anchorage” —o “espíritu de Anchorage”— implicarían la retirada de las fuerzas ucranianas de las zonas del Donbás que aún no controla Rusia a cambio de una congelación de las líneas de frente en el resto del país. El Kremlin insiste en que esas propuestas fueron originalmente formuladas por la parte estadounidense y que Putin las aceptó tras un análisis detallado. Sin embargo, Lavrov puso en duda que la posición de Trump siga siendo la misma tras la cumbre del G7, donde el presidente estadounidense se reunió con Volodímir Zelenski y, según la prensa ucraniana, habría dado luz verde a un endurecimiento de las acciones militares contra Rusia. El ministro ruso calificó esas versiones de “ilusiones” y reclamó a Washington que aclare qué extrajo de la cita de Évian. Mientras, el gobierno de Kiev mantiene como línea roja la no cesión de territorios, y los líderes del G7 acordaron incrementar la presión sancionadora sobre la economía de guerra rusa.
Analistas en capitales occidentales y centros de estudio como el International Crisis Group advierten que el proceso diplomático se encuentra prácticamente congelado. No existe una negociación estructurada ni una propuesta formal sobre la mesa, y la frustración rusa se ha hecho patente en las declaraciones de altos funcionarios: el asesor presidencial Yuri Ushakov afirmó que solo una de las partes ha mantenido su compromiso con lo acordado en Alaska, mientras que el viceministro de Exteriores, Serguéi Riabkov, acusó a Washington de alinear su política con la de sus aliados europeos más anti-rusos, como el Reino Unido y Francia. Desde Moscú se atribuye a Londres y Washington un papel directo en la facilitación de datos de inteligencia para los ataques ucranianos, lo que, a juicio del Kremlin, hace inviable cualquier alto el fuego temporal sin garantías verificables. En este clima, Lavrov recordó el precedente de los acuerdos de Estambul de 2022 —parafeados por Kiev pero luego abandonados— y subrayó que Rusia no repetirá el gesto de retirar tropas como muestra de buena voluntad.
El dossier queda a la espera de la anunciada visita a Moscú de los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner, a quienes el Kremlin califica de “constructivos” y dispuestos a escuchar a todas las partes. No obstante, las fechas del viaje siguen sin concretarse, y Peskov admitió que Washington está “ocupado con otros asuntos”, en alusión a las negociaciones con Irán. Desde la perspectiva de observadores diplomáticos latinoamericanos, el estancamiento refleja un forcejeo estratégico en el que las grandes potencias miden sus líneas rojas sin un mecanismo de salida claro. Moscú insiste en que cualquier negociación debe basarse en los acuerdos de Estambul, las modalidades discutidas en Anchorage y las “realidades sobre el terreno”, mientras que Kiev y sus aliados occidentales condicionan cualquier diálogo al respeto de la integridad territorial ucraniana.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
2 grupos editoriales · 5 idiomas
Moscú insiste en que los entendimientos de Anchorage entre Putin y Trump siguen siendo la única base para poner fin al conflicto. Rusia ya ha hecho concesiones y no aceptará nuevos ultimátums ni soluciones provisionales. No está claro si Washington cambió de postura tras la cumbre del G7, pero los enviados estadounidenses serán escuchados.
La petición rusa de conversaciones se interpreta como una señal de debilidad: Putin está contra las cuerdas, con refinerías ardiendo y puentes hacia zonas ocupadas bajo ataque. El espíritu de Anchorage ha muerto, se dice que Trump ha vuelto al redil occidental en el G7, y para Ucrania y sus aliados este es el momento de aprovechar la ventaja y forzar el colapso, no de negociar.
Amplía tu mirada
Apple sube los precios de MacBook y iPad hasta un 25% por el coste de los chips de memoria
8 idiomas · 18 medios
Desde TechnologyLa Casa Blanca exige control previo sobre GPT-5.6 y frena su lanzamiento global
5 idiomas · 7 medios
Desde Science & HealthLa Casa Blanca niega que Trump accediera a un fármaco experimental, pero el misterio persiste
3 idiomas · 6 medios