
Récord histórico de conflictos armados en 2025: el mundo más violento desde la Segunda Guerra Mundial
Los choques entre Estados se duplicaron hasta ocho, la cifra más alta desde 1946, mientras los índices de paz global registran un deterioro continuo por duodécimo año consecutivo.
Durante 2025 se registraron 65 conflictos armados en los que al menos un Estado era parte beligerante, la cifra más alta desde que el Programa de Datos sobre Conflictos de la Universidad de Uppsala (UCDP) comenzó a documentarlos en 1946. El dato más alarmante es el aumento de las guerras interestatales, que pasaron de dos a ocho en un solo año —una duplicación que se repite por segundo ejercicio consecutivo—, lo que supone un máximo histórico desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Entre esos enfrentamientos figuran la invasión rusa de Ucrania, los choques directos entre Irán e Israel y las escaramuzas en la frontera entre India y Pakistán. Therese Pettersson, investigadora del UCDP, califica esta evolución como “una tendencia extremadamente preocupante”, en un año que además fue el más sangriento en más de tres décadas, con un número de víctimas que los analistas nórdicos no dudan en vincular a la mayor letalidad de los conflictos de alta intensidad.
Desde la óptica de los centros de estudios sobre la paz, el deterioro es sistémico. El Índice Global de Paz 2026, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz desde su sede en Sídney, revela que la paz promedio mundial empeoró un 0,7 % en 2025 y acumula doce años consecutivos de retroceso. El informe señala que 99 países vieron caer su puntuación, mientras que solo 62 mejoraron; desde 2008, 119 naciones se han vuelto más conflictivas. Islandia repite por decimonoveno año como el país más pacífico, pero incluso los 25 Estados mejor clasificados sufrieron un leve deterioro. El estudio advierte que la brecha entre las sociedades tranquilas y las más violentas se ensancha, un fenómeno que también se refleja en los crecientes gastos militares y en la proliferación de conflictos internos internacionalizados.
Paradójicamente, mientras la arquitectura de seguridad global se resquebraja, algunas ciudades parecen aislarse del ruido de las armas. El Índice de Ciudades Felices 2026, difundido por el Institute for Quality of Life desde París y Londres, sitúa a capitales nórdicas y de Europa occidental en lo más alto de su clasificación, al evaluar factores como el equilibrio urbano, la sostenibilidad y la eficiencia de los servicios públicos. Los autores del índice sostienen que estos elementos generan un bienestar real que no depende del éxito económico o del turismo, sino de un diseño urbano pensado para la calidad de vida. Sin embargo, los expertos en seguridad recuerdan que esa felicidad local no es inmune a las turbulencias geopolíticas: la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania ya ha puesto a prueba la resiliencia de los municipios mejor valorados.
Ambas caras de la moneda —un planeta asolado por un récord de guerras y unas ciudades que cultivan el bienestar— ilustran la complejidad de un orden internacional fragmentado. Los investigadores escandinavos insisten en que la tendencia al alza de los conflictos interestatales es especialmente peligrosa porque incrementa el riesgo de escalada entre potencias. A la vez, los datos sobre felicidad urbana sugieren que la buena gobernanza local puede amortiguar, aunque no anular, los efectos de un entorno global hostil. El desafío para la comunidad internacional, coinciden analistas desde Bruselas y desde centros de pensamiento latinoamericanos, reside en reconstruir los mecanismos de prevención y mediación que en la última década han perdido eficacia. Sin un giro diplomático, el mundo podría encadenar en 2026 un nuevo año de marcas sombrías.
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Los datos del UCDP muestran un récord de 65 conflictos en 2025, la cifra más alta desde 1946. El aumento de enfrentamientos entre estados se considera una tendencia alarmante que podría desestabilizar aún más la seguridad global. La comunidad internacional debe hacer frente a esta preocupante escalada.
El mundo está presenciando un aumento sin precedentes de la violencia interestatal, y 2025 marca un pico sangriento no visto en más de tres décadas. Las potencias occidentales lo ven como una amenaza directa al orden internacional basado en reglas, que exige una respuesta contundente. El fuerte aumento de los conflictos entre estados subraya la necesidad de renovar las alianzas de seguridad y la disuasión.
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