
Los riesgos ocultos del té embotellado y el café: entre beneficios hepáticos y alertas digestivas
Estudios en Asia y Europa revelan contaminantes en infusiones industriales, efectos protectores del café para el hígado y el riñón, y advertencias sobre su impacto en el sueño y la digestión.
Una reciente revisión científica realizada por la Academia China de Ciencias Agrícolas ha encendido una alerta sobre el consumo de té, una bebida milenaria asociada a la longevidad. Los investigadores advierten que, si bien la infusión natural ofrece múltiples beneficios, las versiones embotelladas y listas para beber suelen contener aditivos como edulcorantes artificiales y conservantes, además de posibles residuos de pesticidas, metales pesados y microplásticos. Aunque estos contaminantes no representan un peligro inmediato en un consumo ocasional, el estudio subraya que la exposición prolongada entre bebedores intensivos podría acarrear riesgos para la salud, matizando así la imagen universalmente positiva del té.
En contraste, el café continúa sumando evidencia a su favor, particularmente desde la investigación biomédica europea. Análisis españoles destacan que compuestos como la trigonelina ayudan a proteger las células renales, mientras que el consumo habitual favorece la beta-oxidación de grasas en el hígado y activa el gen NRF2, vinculado a la producción de antioxidantes naturales. Distintos metaanálisis confirman que los bebedores regulares de café presentan menor acumulación de grasa hepática, menos inflamación y un riesgo reducido de progresión hacia fibrosis o cirrosis. Estos hallazgos refuerzan la noción de que el café, en su justa medida, puede ser un aliado metabólico.
Sin embargo, la misma bebida no está exenta de controversias. Médicos rusos han señalado que el café debe evitarse o reducirse drásticamente en personas con trastornos del sueño, ansiedad elevada o palpitaciones, ya que la cafeína permanece en el organismo durante horas y puede deteriorar la calidad del descanso nocturno incluso si se consume por la mañana. Desde Indonesia, el doctor Tirta Mandira Hudhi establece un límite prudente de tres tazas diarias de americano —un espresso diluido, con menor contenido de cafeína—, mientras que para el espresso puro la horquilla segura oscila entre tres y seis unidades. A ello se suma el efecto digestivo: un gastroenterólogo ruso explica que el café en ayunas estimula el reflejo gastrocólico y acelera el tránsito intestinal, un fenómeno normal, pero si la urgencia aparece tras una comida completa podría indicar problemas subyacentes. En la misma línea, medios indonesios detallan que el café negro matutino puede desencadenar molestias estomacales impredecibles, especialmente en estómagos sensibles.
El azúcar añadido, omnipresente en los postres cotidianos, añade otra capa de complejidad. Nutricionistas iraníes recuerdan que el consumo frecuente de dulces constituye una de las principales fuentes de azúcares añadidos, los cuales elevan el riesgo de enfermedades cardiovasculares. La recomendación técnica es no superar el 10% de las calorías diarias en forma de azúcares añadidos —unas doce cucharaditas en una dieta de 2000 calorías—, lo que obliga a repensar el hábito de tomar postre a diario, por moderado que parezca.
El mosaico de evidencias dibuja un panorama de claroscuros. Mientras el té artesanal y el café filtrado conservan su estatus de bebidas funcionales, las versiones industriales y los patrones de consumo excesivo o inadecuado introducen variables de riesgo que la ciencia apenas comienza a dimensionar. La clave, coinciden los especialistas de distintas latitudes, reside en la moderación informada y en la atención a las señales del propio cuerpo, un mensaje que trasciende fronteras y tradiciones cafeteras o teineras.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Los investigadores advierten que el té, especialmente las versiones embotelladas listas para beber, puede contener edulcorantes artificiales, conservantes, residuos de pesticidas, metales pesados y microplásticos que suponen riesgos para la salud. El consumo diario de dulces aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares; un consumo ocasional es aceptable, pero el tipo y la cantidad son cruciales.
Estudios indican que el consumo regular de café aporta importantes beneficios para la salud, como la protección de las células renales y la ayuda al hígado para procesar la grasa acumulada. Compuestos del café como la trigonelina activan genes protectores y vías antioxidantes, reduciendo la probabilidad de hígado graso no alcohólico.
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