
Las navieras exigen garantías tangibles para volver a Ormuz, pese al triunfalismo de Trump
El presidente estadounidense asegura que el estrecho ya es seguro, pero el mayor operador de petroleros y los analistas globales advierten que la reanudación del tránsito tomará semanas, incluso un mes.
La reapertura del estrecho de Ormuz, vital para el suministro energético mundial, no será inmediata. Pese a que el presidente Donald Trump declaró el viernes pasado que la vía marítima estaría «completamente abierta» y que los buques ya transitaban por una ruta segura, los principales armadores y analistas internacionales coinciden en que la normalización tomará al menos varias semanas. El factor determinante, según el consejero delegado de la naviera japonesa Mitsui O.S.K. Lines, Jotaro Tamura, no es un anuncio político, sino la existencia de un acuerdo «material» entre Estados Unidos e Irán que se traduzca en condiciones reales de seguridad sobre el terreno.
La guerra que estalló el 28 de febrero con ataques coordinados de Washington y Tel Aviv paralizó de facto el paso de aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado que consume el planeta, además de cargamentos de aluminio y urea. Mitsui O.S.K., una de las tres grandes flotas mercantes de Japón con más de 900 buques, encarna la prudencia que domina el sector. Tamura subrayó en una entrevista con el Financial Times que los operadores necesitan ver «no solo un simple acuerdo entre los países implicados, sino algo material que se refleje en la situación real del estrecho» antes de sentirse cómodos para reanudar el tránsito. Su estimación —«al menos un par de semanas, si no un mes»— es compartida por expertos en seguridad marítima y mercados energéticos, que recuerdan que aún deben completarse tareas de desminado, restablecerse las rutas de navegación internacionales y permitir la salida de los buques que quedaron atrapados en la zona durante el conflicto.
Desde la óptica de Tokio, la cautela responde a una combinación de experiencia histórica y exposición económica. Japón depende en gran medida de las importaciones de crudo y gas que atraviesan Ormuz, y sus navieras ya sufrieron interrupciones graves en el pasado por tensiones en el golfo Pérsico. La reticencia a enviar tripulaciones y activos de alto valor a un corredor que Teherán amenazó con bloquear en repetidas ocasiones no es una mera cuestión de protocolo, sino de gestión de riesgos. Analistas en Bruselas y Madrid añaden que la desconfianza hacia un acuerdo que aún no se ha traducido en medidas verificables sobre el terreno es lógica, sobre todo cuando la administración Trump ha combinado gestos de distensión con una retórica de presión máxima que mantiene vivas las sanciones.
En América Latina, la situación se observa con atención por su impacto indirecto en los precios del crudo y los fletes. Economías exportadoras como Brasil, México o Venezuela podrían beneficiarse de una prima de riesgo prolongada que sostenga las cotizaciones, mientras que los países importadores netos, como Chile o varias naciones centroamericanas, temen un encarecimiento adicional de los combustibles. La incertidumbre en Ormuz añade volatilidad a un mercado ya tensionado por los recortes de la OPEP+ y las sanciones a Rusia, lo que obliga a gobiernos y operadores energéticos de la región a revisar sus estrategias de cobertura y diversificación de proveedores.
El horizonte de reapertura depende, por tanto, de factores que van más allá de la voluntad política. La limpieza de minas, la verificación de que las rutas están libres de amenazas y la liberación de los buques que permanecen fondeados en el golfo Pérsico son pasos técnicos que requieren coordinación entre armadores, aseguradoras y fuerzas navales. Hasta que esas condiciones se materialicen, el tránsito por Ormuz seguirá siendo una apuesta que pocos están dispuestos a asumir. La prudencia de gigantes como Mitsui O.S.K. marca el compás de un sector que, tras semanas de bloqueo, prefiere esperar a que la paz se demuestre sobre el agua antes que en los comunicados.
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El mayor operador de petroleros del mundo advierte que el tránsito por el estrecho de Ormuz no se reanudará durante semanas, ya que el acuerdo entre EE.UU. e Irán carece de garantías materiales. La cautela refleja un profundo escepticismo sobre el impacto inmediato del acuerdo en la seguridad. Las cadenas mundiales de suministro de petróleo siguen en vilo.
Los armadores adoptan un enfoque de esperar y ver, exigiendo pruebas concretas de que el acuerdo entre EE.UU. e Irán es efectivo antes de reanudar el tránsito. El director ejecutivo de Mitsui O.S.K. Lines estima un retraso de al menos un par de semanas. La atención se centra en la gestión pragmática del riesgo empresarial.
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