
La tregua en Oriente Medio no disipa los temores inflacionarios de los grandes bancos centrales
Pese al alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, la Reserva de Australia mantiene un tono agresivo, Brasil evalúa una pausa en los recortes y el BCE anticipa una inflación superior al 3%.
El cese de hostilidades entre Washington y Teherán y la reapertura del estrecho de Ormuz trajeron un respiro a los mercados, pero no han logrado aplacar la cautela de los principales bancos centrales. En la llamada “superquarta” de decisiones monetarias, la Reserva de Australia mantuvo sin cambios su tasa de referencia en el 4,35%, aunque con una advertencia inequívoca: el organismo “hará lo que considere necesario, incluido subir los tipos nuevamente”, para devolver la inflación a la meta. Mientras, en Brasil el Comité de Política Monetaria se encaminaba a un nuevo recorte de la Selic, y desde Fráncfort el Banco Central Europeo alertaba que la inflación podría superar el 3% durante un período prolongado. La coincidencia de estos mensajes dibuja un escenario global en el que la distensión geopolítica no basta para despejar las presiones sobre los precios.
Desde Sídney, la gobernadora Michele Bullock insistió en que el alto costo del crédito ha sido “duro” para los hogares, pero recordó que una inflación desbocada sería mucho peor. Los analistas locales interpretan que el banco central está utilizando su poder de comunicación como una segunda herramienta, ante la imposibilidad de seguir subiendo tipos sin causar un daño mayor. El mercado, sin embargo, descuenta que se trata de un farol: las apuestas mayoritarias no prevén nuevas alzas, convencidas de que la economía australiana ya muestra signos de enfriamiento suficientes. Aun así, la inflación subyacente sigue lejos del rango de 2-3%, y el conflicto en Oriente Medio —que disparó los precios de la energía justo cuando la senda descendente parecía consolidarse— ha complicado el panorama incluso después del armisticio.
En Brasilia, la expectativa de un recorte de 0,25 puntos porcentuales, hasta el 14,25% anual, se consolidó tras el anuncio del acuerdo de paz, pero el alivio es frágil. Los analistas brasileños advierten que el Copom enfrenta una “tormenta perfecta”: expectativas de inflación desancladas —el último sondeo Focus proyecta un IPCA de 5,3%—, una política fiscal expansiva impulsada por el gobierno de Lula y los efectos de eventos climáticos extremos sobre los alimentos. Aunque la reapertura del estrecho de Ormuz alejó el riesgo de un choque petrolero adicional, la trayectoria de los precios no ha regresado a los niveles previos a la crisis. Por ello, crece la convicción de que el actual ciclo de flexibilización, iniciado en marzo, podría ser uno de los más cortos de la historia y detenerse antes de lo previsto.
La mirada europea añade una capa de preocupación. El economista jefe del BCE, Philip Lane, advirtió que la inflación en la eurozona se mantendrá por encima del 3%, porque el barril de petróleo difícilmente bajará de los actuales 80-81 dólares, muy por encima de los niveles anteriores a la guerra. La presidenta Christine Lagarde subrayó que es imperativo controlar la inflación antes de que se descontrole, un mensaje que resuena con fuerza en un continente todavía marcado por la crisis energética. La persistencia de los precios de las materias primas, incluso tras un alto el fuego, revela que los bancos centrales no pueden cantar victoria.
El desenlace de esta encrucijada definirá el segundo semestre. Mientras la Reserva Federal estadounidense mantiene los tipos sin cambios, la divergencia de trayectorias entre un Brasil que aún recorta, una Australia que amenaza con subir y una Europa que contiene la respiración refleja la fragmentación del ciclo monetario global. La tregua en Oriente Medio ha evitado un escenario catastrófico, pero no ha devuelto la estabilidad de precios. Los banqueros centrales saben que su credibilidad está en juego y, por ahora, prefieren mantener el tono severo antes que ceder a la tentación de un optimismo prematuro.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El banco central australiano mantiene las tasas pero amenaza con más subidas, un movimiento que los mercados interpretan como un farol. El impacto de estas amenazas es desigual: algunos sectores sufrirían mucho más un ajuste, lo que plantea dudas sobre la equidad. La retórica agresiva puede ser más una herramienta de gestión de expectativas que un anuncio de acciones reales.
En este supermiércoles, se espera que el Copom brasileño recorte la Selic en 0,25 puntos hasta el 14,25%, posiblemente el último recorte antes de una pausa. El acuerdo de paz entre EE.UU. e Irán ha reforzado las expectativas de relajación, pero los riesgos fiscales y la inflación desanclada convierten este en uno de los ciclos de recortes más cortos de la historia.
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