
Rusia decomisa 115 millones a una bloguera; en Argentina, Kirchner aún no restituye un peso
Alexandra Mitroshina recibe tres años de libertad condicional y la incautación de bienes por lavado de dinero, en un contexto donde otros casos rusos muestran penas severas por terrorismo y en América Latina la recuperación de activos sigue estancada.
La justicia rusa asestó un golpe patrimonial contundente a la bloguera Alexandra Mitroshina, conocida en redes como “Матерь бложья”. El Tribunal del distrito de Tverskói, en Moscú, la condenó a tres años de prisión condicional, una multa de 900.000 rublos y, sobre todo, la confiscación de 115 millones de rublos (aproximadamente 1,2 millones de euros) que, según la acusación, procedían de impuestos evadidos y fueron blanqueados mediante la compra de inmuebles de lujo en la capital. La sentencia, dictada en junio de 2025, ordenó transferir al Estado los 55 millones obtenidos por la venta de un apartamento en el prestigioso malecón Krasnoprésnenskaia y los 60,2 millones reintegrados por una promotora tras rescindir un contrato de participación en la construcción de otro inmueble en la calle Bolshaya Dmítrovka.
La causa se remonta a 2023, cuando se abrió una investigación por impago de tributos que Mitroshina saldó entonces, pero en marzo de 2025 fue detenida al regresar de los Emiratos Árabes y se le imputó el delito de legalización de capitales por más de 127 millones de rublos. Durante el proceso, la acusada reconoció parcialmente los hechos, aunque su defensa anunció que recurrirá el fallo porque aspira a una absolución plena. El abogado Mijaíl Mushaílov declaró que su clienta reaccionó con entereza, pero que “sería extraño alegrarse de una condena condicional cuando se es inocente”. Observadores en Moscú interpretan la combinación de pena suspendida y decomiso masivo como un mensaje de tolerancia cero frente al blanqueo de capitales de las élites digitales, sin necesidad de encarcelar a una figura mediática.
Ese mismo día, la prensa rusa informaba de otros dos procesos que dibujan un panorama punitivo mucho más severo. En la región de Primorie, dos adolescentes serán juzgados por un tribunal militar por haber incendiado armarios de señalización ferroviaria a cambio de una promesa de 80.000 rublos, de los cuales solo recibieron 8.000. Se les acusa de terrorismo en grupo, un delito que puede acarrear penas de hasta 20 años. Paralelamente, un tribunal castrense occidental condenó a Román Tarásov, vecino de Múrom, a 17 años de colonia penitenciaria por quemar vehículos en Moscú supuestamente por encargo de servicios ucranianos; le habían ofrecido 70.000 rublos que nunca cobró. En ambos episodios, los autores fueron captados por el FSB y las sumas prometidas resultaron irrisorias frente a las consecuencias penales.
Desde Buenos Aires, la comparación con el caso de Cristina Fernández de Kirchner resulta inevitable. La expresidenta argentina cumple desde hace un año una condena firme a seis años de prisión e inhabilitación perpetua por administración fraudulenta en la causa Vialidad, pero el Estado no ha logrado recuperar ni un solo peso del dinero desviado. Los abogados de la exmandataria han interpuesto una sucesión ininterrumpida de recursos y chicanas procesales que mantienen paralizada la restitución patrimonial. Mientras en Moscú la confiscación se ejecutó en la misma sentencia, en América Latina la fase de decomiso se revela como el eslabón más débil de la lucha anticorrupción, a menudo bloqueada por estrategias dilatorias que vacían de contenido las condenas.
Analistas en Europa del Este advierten que la celeridad rusa en el caso Mitroshina no debe leerse como un estándar generalizado, sino como una operación selectiva que combina presión fiscal con control sobre figuras públicas. En contraste, la parálisis argentina ilustra un problema estructural que afecta a muchas democracias latinoamericanas: la brecha entre la sentencia penal y la reparación efectiva al erario. El desafío común, subrayan expertos en gobernanza desde Bruselas, es construir mecanismos judiciales que impidan que los condenados conserven el botín mientras agotan las vías de apelación. La experiencia rusa demuestra que la confiscación inmediata es técnicamente posible; la argentina, que sin voluntad política y reformas procesales, la condena puede convertirse en un triunfo simbólico sin consecuencias materiales.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Un tribunal de Moscú condenó a la bloguera Alexandra Mitroshina a tres años de libertad condicional y una multa de 900.000 rublos por blanquear 127 millones de rublos. El Estado confiscó 115 millones de rublos procedentes de ventas inmobiliarias. La defensa anunció una apelación.
Un tribunal moscovita impuso a la bloguera Alexandra Mitroshina tres años de prisión suspendida, una multa y el decomiso de 115 millones de rublos. Admitió parcialmente su culpabilidad; el caso sigue a acusaciones previas de evasión fiscal.
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