
La escasez de misiles Patriot impulsa la búsqueda de alternativas europeas en un contexto de tensiones industriales
Quince países evalúan el sistema SAMP/T NG ante la limitada oferta estadounidense, mientras los proyectos franco-alemanes de defensa se enfrentan a disputas y retrasos que amenazan la soberanía estratégica del continente.
La creciente demanda global de sistemas antimisiles Patriot, sumada a las limitaciones de producción en Estados Unidos, ha llevado a una quincena de países de Europa y Oriente Medio a explorar la compra del SAMP/T NG, considerado el equivalente europeo del célebre escudo antiaéreo. El consorcio Eurosam, que desarrolla esta nueva generación del sistema, mantiene conversaciones avanzadas con Kuwait y Hungría, y ha despertado interés en naciones como Suiza y Estonia. Sin embargo, desde Moscú se advierte que la alternativa europea no podrá escalarse rápidamente: los primeros suministros no se materializarían antes de 2029, lo que deja un vacío de capacidades en un momento de alta tensión estratégica.
Este renovado interés por el SAMP/T NG se inscribe en un panorama más amplio de rearme europeo, donde la cooperación industrial se ha convertido en un imperativo de soberanía. En la reciente feria aeroespacial ILA de Berlín, el dominio de los grandes consorcios de defensa fue absoluto, con pabellones propios que exhibían misiles, drones y sistemas de defensa aérea, desplazando el tradicional protagonismo de la tecnología civil. El director de MBDA, Éric Béranger, insistió en que Europa solo podrá ser soberana en el nuevo orden mundial si actúa de forma conjunta. No obstante, el fracaso del proyecto franco-alemán de avión de combate FCAS planea como un recordatorio de las dificultades. En la feria Eurosatory, a las afueras de París, se presentó el concepto MBT Vision 2032 para el sucesor del Leopard 2 alemán, mientras Francia defiende sus propias ideas para el carro de combate del futuro. La divergencia de concepciones entre Berlín y París en programas terrestres y aéreos refleja, desde la óptica de Bruselas, una fragmentación que pone en riesgo la anhelada autonomía estratégica.
Mientras los grandes proyectos conjuntos se estancan, la adaptación a las amenazas inmediatas avanza por vías más pragmáticas. El Ejército francés ha comenzado a equipar sus tanques Leclerc XLR con una estructura de rejilla sobre la torreta, una solución directamente inspirada en los «mangales» que las fuerzas rusas desplegaron en Ucrania a partir de 2022. Ridiculizadas inicialmente en redes sociales, estas protecciones artesanales demostraron su eficacia contra drones, y ahora el consorcio KNDS France las produce en serie dentro del programa Scorpion de modernización del blindado. La réplica gala subraya cómo la guerra con drones ha igualado ciertas respuestas tácticas por encima de las diferencias doctrinales.
En el ámbito aéreo no tripulado, las disputas industriales amenazan con repetir el desenlace del FCAS. El programa Eurodrone, concebido para reducir la dependencia europea de los MQ-9 Reaper estadounidenses, enfrenta un choque entre Dassault y Airbus por compensaciones financieras derivadas de cambios en los planes de adquisición. Según análisis difundidos desde Washington, esta controversia podría hacer descarrilar el proyecto, cuyo primer vuelo ya se ha pospuesto de 2025 a 2027. La paradoja es evidente: la iniciativa, lanzada en 2017 como emblema de la cooperación franco-alemana, corre el riesgo de convertirse en otra víctima de las mismas tensiones que busca superar.
Observadores en América Latina y España siguen con atención estos movimientos, conscientes de que la cohesión europea en defensa influye en la estabilidad de la OTAN y en la oferta global de sistemas de armas. La carrera por encontrar un sustituto al Patriot revela tanto la urgencia operativa como las limitaciones industriales del Viejo Continente. Si Europa no resuelve sus disputas internas y acelera la integración de sus capacidades, la soberanía que reclama Béranger podría quedar postergada, dejando al continente en una incómoda dependencia tecnológica justo cuando el orden internacional se vuelve más impredecible.
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La cooperación europea en defensa muestra profundas grietas: los programas conjuntos de cazas y drones están en crisis por las disputas franco-alemanas. Ante la escasez de Patriots, Europa considera alternativas como el SAMP/T NG, mientras Francia copia las 'jaulas' rusas en los tanques Leclerc. Estados Unidos predice el fracaso del Eurodrone, confirmando la incapacidad europea de actuar de forma autónoma.
A pesar del fracaso del caza franco-alemán y las divergencias sobre el tanque del futuro, los líderes industriales europeos insisten en que la soberanía solo se logra mediante proyectos conjuntos. El jefe de MBDA pide más cooperación para responder a un mundo incierto, mientras que la disputa del MGCS muestra conceptos diferentes pero aún dentro de un marco de colaboración.
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