
Israel, Líbano y EE UU sellan un marco para el desarme de Hezbolá y la retirada gradual israelí
El acuerdo de 14 puntos, firmado en Washington, establece zonas piloto para el repliegue militar y condiciona la paz al monopolio estatal de la fuerza en Líbano.
Los gobiernos de Israel y Líbano, con la mediación de Estados Unidos, firmaron el viernes en Washington un acuerdo marco trilateral de 14 puntos que aspira a poner fin a las hostilidades en la frontera común y sentar las bases de un futuro tratado de paz. El texto, divulgado por el Departamento de Estado, establece un proceso secuencial: las Fuerzas Armadas Libanesas (LAF) asumirán progresivamente la responsabilidad de seguridad en «zonas piloto» —dos ya acordadas al sur y al norte del río Litani— a medida que se verifique el desarme de los grupos armados no estatales, en particular Hezbolá, y el desmantelamiento de su infraestructura. De forma paralela, las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) se replegarán del territorio libanés. El secretario de Estado, Marco Rubio, calificó el pacto como «el principio del principio» y anunció cien millones de dólares en asistencia humanitaria para Líbano, además de treinta millones en reembolsos a su ejército.
Desde Washington, el acuerdo se presenta como un mecanismo para restaurar la soberanía efectiva del Estado libanés y eliminar la amenaza que, según la parte israelí, justificó su intervención militar. El texto recoge que las operaciones de las IDF en Líbano «son únicamente consecuencia de los ataques, la amenaza y la intención hostil de grupos armados no estatales» y que, una vez eliminada esa amenaza mediante el desarme y arreglos de seguridad adicionales, desaparecerá cualquier necesidad futura de acción o presencia militar israelí. Israel declara además no albergar «ambiciones territoriales» en Líbano. Por su parte, el gobierno libanés reafirma su compromiso de reconstruir el monopolio estatal del uso de la fuerza y de garantizar que ningún grupo armado mantenga capacidades militares o de seguridad en el país, para lo cual solicita el apoyo de socios internacionales y árabes bajo liderazgo estadounidense.
La firma del marco no implica, sin embargo, un consenso interno en Líbano. Hezbolá, que no es parte del acuerdo, lo rechazó a través de su líder, Naim Qassem, quien exigió la retirada israelí «incondicional» de cada palmo de territorio libanés, y de su diputado Hassan Fadlallah, que advirtió que la vía negociadora conduce a una «guerra civil». Desde la óptica de Teherán, medios afines describen el texto como un plan para desarmar y eliminar gradualmente a Hezbolá, mientras que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, subrayó que las tropas permanecerán en la zona de seguridad hasta que el grupo chií entregue las armas. En Beirut, el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam defendieron el acuerdo como un primer paso para recuperar la integridad territorial y facilitar el retorno de los desplazados, en un contexto en que más de un millón de libaneses han abandonado sus hogares y las autoridades cifran en más de cuatro mil los fallecidos por los ataques israelíes.
El entendimiento se inscribe en una dinámica regional más amplia. Hezbolá abrió un segundo frente el 2 de marzo, tras la muerte del líder supremo iraní en bombardeos atribuidos a Estados Unidos e Israel, lo que desencadenó una invasión terrestre israelí y una campaña de demoliciones en el sur del Líbano. Los sucesivos altos el fuego —el último declarado en junio— han sido frágiles, y tanto Israel como Hezbolá se acusan mutuamente de violarlos. Analistas en Oriente Medio señalan que la Casa Blanca busca estabilizar este flanco para no poner en riesgo el acuerdo de paz que negocia con Irán, el cual incluye el compromiso de poner fin a la guerra en «todos los frentes», incluido el libanés. En ese sentido, el marco prevé la creación inmediata de grupos de trabajo bilaterales, facilitados por Estados Unidos, para redactar un acuerdo integral de paz y seguridad, así como el establecimiento de un Grupo de Coordinación Militar trilateral que supervise la implementación sobre el terreno. La próxima fase dependerá de la verificación del desarme en las zonas piloto y de la capacidad de las partes para acordar nuevas áreas de traspaso, mientras la Unión Europea ha manifestado su disposición a respaldar la ejecución del pacto.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El acuerdo marco trilateral firmado en Washington es una victoria diplomática histórica, un duro golpe a Irán y Hezbolá. El proceso de desarme y la retirada de las zonas piloto restauran la plena soberanía libanesa, allanando el camino hacia una paz duradera. La administración Trump se atribuye el éxito de la mediación y califica el pacto como 'el principio del principio'.
El acuerdo impuesto por Washington y Tel Aviv busca desmantelar la resistencia armada de Hezbolá, excluyéndolo de las negociaciones. El marco, recibido con escepticismo, amenaza con agravar las tensiones internas libanesas y desestabilizar la región. Su aplicación efectiva sigue siendo incierta, ya que el poder de disuasión del Partido de Dios no puede ignorarse.
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