
El oro se encamina a su mayor desplome mensual desde 2008 por el dólar fuerte y las apuestas de alza de tasas
El metal precioso pierde más de un 12% en junio, arrastrado por la fortaleza del billete verde y la probabilidad de que la Reserva Federal suba los tipos en septiembre, mientras los mercados iraníes reaccionan a las señales de diálogo.
El oro al contado cayó este martes por debajo de los 4.000 dólares por onza y se encamina a registrar una pérdida mensual superior al 12%, la mayor desde octubre de 2008. Se trata del cuarto descenso mensual consecutivo y el primer retroceso trimestral desde 2024, con una magnitud que no se veía desde el segundo trimestre de 2013. Los futuros estadounidenses con vencimiento en agosto también retrocedieron con fuerza, situándose en torno a los 3.970 dólares.
El desplome responde a un cóctel de factores que ha invertido la correlación tradicional del metal como refugio. La persistente fortaleza del dólar —que acumula su segunda ganancia mensual— encarece las compras para tenedores de otras divisas. Al mismo tiempo, la guerra en Oriente Medio ha disparado los precios de la energía, alimentando los temores inflacionarios y las expectativas de que la Reserva Federal suba las tasas de interés de forma más agresiva. La herramienta FedWatch de CME refleja una probabilidad del 64% de un alza en septiembre, y los operadores descuentan hasta tres incrementos en lo que resta de año. En un entorno de tipos altos, el oro, que no devenga intereses, pierde atractivo frente a los activos de renta fija.
El efecto se extiende a otras materias primas. El petróleo se dirige a su peor trimestre desde 2020, presionado por la expectativa de un posible diálogo entre Irán y Estados Unidos en Doha, aunque Teherán ha negado que se haya programado reunión alguna. La plata, el platino y el paladio también acumulan pérdidas mensuales y trimestrales. Desde Copenhague, analistas señalan que el sentimiento del mercado se ha vuelto frágil: los operadores venden en los repuntes en lugar de comprar en las caídas, un cambio de comportamiento respecto a los últimos años. Para que se pueda considerar que el oro ha tocado fondo, los precios deberían superar la barrera de los 4.100 dólares. En los mercados del Golfo, en cambio, se interpreta la corrección como una fase de consolidación saludable dentro de una tendencia alcista de largo plazo, sustentada por las compras de los bancos centrales, los déficits fiscales y la diversificación frente al dólar, siempre que el metal se mantenga por encima de la zona de soporte de 3.700-3.800 dólares.
En Irán, la combinación de la caída del oro global y las noticias sobre un posible alto el fuego y la liberación de recursos congelados provocó un fuerte retroceso en los mercados locales. El rial se apreció frente al dólar en las operaciones extrabursátiles, y el precio de la moneda de oro imamí cayó más de tres millones de tomans en una sola jornada, mientras el gramo de oro de 18 quilates perdió más de 400.000 tomans. La volatilidad refleja la sensibilidad de la economía iraní a las señales geopolíticas, incluso cuando las partes implicadas emiten desmentidos.
La atención se centra ahora en los datos de empleo de Estados Unidos que se publicarán esta semana —el informe ADP y las nóminas no agrícolas de junio—, que ofrecerán pistas sobre la determinación de la Reserva Federal. Un mercado laboral robusto reforzaría las apuestas de alza de tasas y mantendría la presión bajista sobre el oro. El siguiente hito técnico será si los precios logran recuperar el nivel de 4.100 dólares o, por el contrario, perforan el soporte de los 3.700 dólares, lo que abriría la puerta a una corrección más profunda.
| Prensa iraní y afín | −0.60 | critical |
|---|---|---|
| Prensa árabe Levante-Magreb | −0.20 | neutral |
| Prensa del Golfo árabe | +0.10 | neutral |
| Prensa europea continental | 0.00 | neutral |
Iran denounces US dollar manipulation and reaffirms its own economic resilience, attributing the gold crash to an American conspiracy.
A narrative of Western financial conspiracy is built, where any negative gold data is read as a deliberate US attack, ignoring market fundamentals.
The role of a strong US economy and global dollar demand as structural causes of dollar strength is omitted.
The region cautiously observes the gold crash's impact, linking it to ongoing geopolitical tensions and market volatility.
The event is contextualized within regional dynamics, presented as a symptom of broader instability without delving into global economic causes.
Detailed analysis of macroeconomic factors like Fed monetary policy is omitted in favor of a geopolitical reading.
Gulf markets interpret the decline as a technical correction, highlighting the resilience of local economies and confidence in the dollar.
The event is normalized as part of the economic cycle, emphasizing Gulf stability and minimizing systemic risks.
The potential negative impact on gold-importing countries and the possibility that dollar strength could harm emerging economies is omitted.
European analysts treat the crash as a macroeconomic data point, offering portfolio advice and reducing the event to financial variables.
A technical, detached language is adopted, turning a potentially alarming event into a set of indicators and recommendations, defusing emotional charge.
The geopolitical dimension and social impact of the crash are omitted, focusing solely on financial aspects.
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