
El G7 y la ONU intensifican la presión para asfixiar la economía de guerra en Sudán
Los ministros de Exteriores del G7 reclamaron un embargo de armas ampliado, mientras Naciones Unidas advirtió que el comercio de goma arábiga financia la prolongación del conflicto.
Los ministros de Asuntos Exteriores del Grupo de los Siete (G7) y la alta representante de la Unión Europea exigieron el cese inmediato de los ataques contra civiles en la ciudad sudanesa de El-Obeid y reclamaron al Consejo de Seguridad de la ONU que extienda el embargo de armas de Darfur a todo el territorio de Sudán. De forma paralela, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos publicó un informe en el que alerta de que los beneficios del comercio de goma arábiga están contribuyendo a perpetuar la guerra civil que asola el país desde abril de 2023.
En una declaración conjunta difundida el 15 de julio, las cancillerías del G7 instaron a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y a los grupos armados aliados a detener todas las acciones que puedan derivar en nuevas atrocidades o poner en peligro a la población de El-Obeid. El texto reclama a todas las partes, incluidas las Fuerzas Armadas Sudanesas, que cesen las hostilidades, permitan el acceso de la ayuda humanitaria y entablen negociaciones directas de buena fe. Asimismo, los ministros pidieron a los actores externos que suspendan el apoyo militar y financiero a los bandos enfrentados y se comprometieron a impulsar mecanismos de rendición de cuentas. Desde Bruselas, el Consejo de la Unión Europea ya había aprobado días antes la prohibición de importar oro procedente de Sudán, así como la venta y exportación al país de mercurio y cianuro, sustancias utilizadas en la extracción aurífera, con el objetivo declarado de cortar una fuente clave de financiación de las partes en conflicto.
El informe de la ONU, centrado en la cadena de valor de la goma arábiga —un insumo esencial para refrescos, cosméticos y fármacos del que Sudán produce alrededor del 80 % del suministro mundial—, documenta cómo el control territorial y el saqueo de este recurso han alimentado una economía de guerra que el organismo describe como “cada vez más autoperpetuante”. Según el texto, cantidades significativas de goma arábiga procedentes de zonas bajo control de las RSF son desviadas a través de rutas de contrabando hacia países vecinos y reexportadas como producción local, lo que dificulta la trazabilidad. El informe detalla el saqueo, en mayo de 2025, de la Bolsa de Goma Arábiga y sus almacenes en la ciudad de El-Nuhud, en Kordofán Occidental, por parte de las RSF, un episodio que interrumpió gravemente el comercio local y afectó los medios de vida de miles de personas. El alto comisionado Volker Türk subrayó que las empresas no pueden mantener sus operaciones habituales cuando se abastecen de cadenas de valor afectadas por un conflicto y reclamó una diligencia debida reforzada.
La guerra en Sudán, que según estimaciones de Naciones Unidas ha causado cientos de miles de muertos y ha desplazado a más de catorce millones de personas, enfrenta al ejército regular, que controla el este y el corredor del Nilo, con las RSF, asentadas en el oeste y dueñas de la mayor parte de los yacimientos de oro en Darfur y Kordofán. Mientras el G7 y la UE presionan para ampliar el embargo de armas y asfixiar las fuentes de ingresos de los combatientes, el Consejo de Seguridad de la ONU tiene previsto examinar la propuesta en las próximas semanas, en un contexto en el que las iniciativas diplomáticas para un alto el fuego permanecen estancadas.
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.20 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | −0.30 | critical |
| Prensa árabe Levante-Magreb | −0.40 | critical |
The G7 positions itself as a guarantor of regional stability, urging all parties to stop violence and respect international law.
It emphasizes the legitimacy of collective Western action, presenting the demand as morally unquestionable and technically neutral.
It omits the EU gold ban and the role of gum arabic in funding the war, elements that would undermine the effectiveness of a purely diplomatic appeal.
Europe acts directly against the belligerents’ income sources, showing that economic sanctions are the most effective tool to stop the conflict.
It contrasts the EU’s concrete action with the G7’s words, creating a hierarchy of effectiveness: sanctions are presented as the real solution, while diplomatic appeals are relegated to background.
It does not discuss the role of gum arabic, which the UN says is another major funding source, nor does it analyze the ban’s impact on Sudan’s economy.
The UN denounces the link between international trade and conflict, calling out companies and governments that fail to vet their supply chains.
It uses the UN’s authority to turn an economic issue into a human rights problem, shifting blame from the belligerents to global consumers.
It does not mention the EU gold ban or the G7 appeal, focusing solely on gum arabic and ignoring other international measures.
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