
Demócratas de Maine nombran a Troy Jackson candidato al Senado tras la caída de Platner
Tras la retirada de Graham Platner por acusaciones de agresión sexual, el ex líder legislativo se enfrentará a la republicana Susan Collins en una contienda decisiva para el control del Senado estadounidense.
El Partido Demócrata de Maine eligió el sábado a Troy Jackson, expresidente del Senado estatal, como su nuevo candidato al Senado de Estados Unidos en una convención de emergencia celebrada en Bangor. Jackson obtuvo 566 de los 571 votos de los delegados, un respaldo abrumador que cierra la crisis abierta tras la retirada de Graham Platner, quien abandonó la campaña a principios de julio luego de ser acusado públicamente de violación por una expareja, alegato que él niega. Con 101 días restantes hasta las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre, el exleñador de 58 años asume la candidatura en un estado que se perfila como uno de los campos de batalla más reñidos para la mayoría del Senado.
La designación de Jackson busca reagrupar a un partido sacudido por el escándalo y mantener viva la posibilidad de arrebatarle el escaño a la senadora Susan Collins, republicana moderada que ocupa el cargo desde 1997. Fuentes demócratas en Washington consideran el distrito de Maine como una de las pocas oportunidades viables de ganar un asiento republicano, en un ciclo donde necesitan sumar al menos cuatro escaños para recuperar el control de la cámara alta. Jackson abrazó un discurso progresista y de clase trabajadora —similar al de Platner— centrado en proteger la seguridad social, ampliar el acceso al aborto y criticar las políticas económicas del presidente Donald Trump, quien perdió en Maine en sus tres campañas y ahora enfrenta un descontento creciente por la gestión de la economía y la guerra en Irán, según encuestas regionales.
Sin embargo, el rápido ascenso del nuevo nominado también despierta interrogantes entre sectores del propio partido. Investigaciones periodísticas locales, citadas por analistas en el noreste del país, sacaron a la luz el historial de Jackson como antiguo republicano, su voto en contra del matrimonio igualitario en 2009 y sus posturas antiabortistas hasta 2013, aunque en años recientes ha defendido legislaciones para expandir los derechos reproductivos. Estrategas demócratas consultados por medios estadounidenses reconocen que el proceso de selección acelerado —apenas diecisiete días tras la renuncia de Platner— limitó la verificación de antecedentes del candidato, y advierten que las presuntas denuncias sobre su temperamento y manejos hipotecarios podrían ser explotadas por la campaña republicana, que ya lo tilda de «peor que Platner».
Desde la óptica de las estructuras partidarias en Maine, la convención relámpago logró su cometido de evitar una fractura mayor y ofrecer una figura con arraigo territorial —Jackson proviene del empobrecido condado de Aroostook, en el extremo norte— capaz de disputar el voto rural que históricamente ha favorecido a Collins. Observadores europeos y latinoamericanos, como los que siguen el pulso de la política estadounidense desde Madrid o São Paulo, interpretan la crisis de los demócratas en Maine como un síntoma de los riesgos que enfrentan los partidos opositores cuando apuestan por candidatos antisistema con escaso escrutinio previo, en un clima de polarización extrema exacerbada por la era Trump. La nominación quedará formalizada el lunes ante la secretaria de Estado, Shenna Bellows, con lo que Jackson iniciará formalmente los 100 días finales de campaña en un estado cuyo resultado puede inclinar la balanza del Senado.
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