
China consolida su influencia global con acuerdos en Bangladesh y una intensa agenda diplomática
La firma de 13 memorandos con Daca y la recepción de más de una docena de líderes mundiales en 2026 reflejan la estrategia de Pekín para ampliar su red de alianzas económicas y políticas.
Bangladesh y China suscribieron 13 memorandos de entendimiento durante la visita oficial del primer ministro Tarique Rahman a Pekín, en un gesto que, según fuentes diplomáticas en Daca, busca reequilibrar una balanza comercial deficitaria y atraer inversión china en infraestructura, gestión hídrica y medios de comunicación. Los acuerdos, que incluyen un pacto de cooperación entre el gobernante Partido Nacionalista de Bangladesh y el Partido Comunista Chino, se cerraron tras reuniones de Rahman con el presidente Xi Jinping y el primer ministro Li Qiang, e incorporan una solicitud de asistencia técnica para el proyecto del río Teesta. La visita, la primera de Rahman como jefe de Gobierno, se inscribe en una secuencia de más de una docena de mandatarios recibidos por Xi en lo que va de 2026.
Analistas en el Sudeste Asiático y Europa observan que Pekín está utilizando esta intensa agenda para presentarse como un socio estable y predecible frente a un Estados Unidos que, desde la óptica de muchas capitales, se repliega de su papel tradicional. La lista de visitantes incluye tanto a líderes de potencias medias —como el canadiense Mark Carney o el británico Keir Starmer— como a figuras de regímenes autoritarios, caso del jefe de la junta militar de Myanmar, Min Aung Hlaing, a quien Xi ofreció un recibimiento con alfombra roja y reiteró el principio de no injerencia. Desde centros de estudio en Londres y Singapur se interpreta esta estrategia como un intento de desplazar el equilibrio de poder hacia el Sur Global, con China como eje, normalizando al mismo tiempo la interlocución con gobiernos cuestionados por organismos internacionales.
La dimensión europea de esta ofensiva diplomática quedó ilustrada esta misma semana por la investigación judicial en España sobre el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Según la documentación incorporada a la causa por la Audiencia Nacional, los frecuentes viajes de Zapatero a China desde 2016 no se limitaron a conferencias, como él declaró, sino que incluyeron reuniones periódicas con dirigentes del Partido Comunista, gobernadores provinciales, el embajador chino en Madrid y ejecutivos de empresas estatales y tecnológicas como Huawei. Fuentes diplomáticas en Bruselas señalan que Pekín ha cultivado durante años a antiguos mandatarios occidentales como interlocutores informales, una práctica que, a la luz de este caso, genera debate sobre los límites de la influencia extranjera en las democracias europeas.
En paralelo, la firma de un memorando entre el Instituto Tecnológico de Chennai, la Universidad Nacional Formosa de Taiwán y la empresa AGEM Technology para investigación en semiconductores es leída por observadores en Nueva Delhi y Taipéi como un movimiento para diversificar las cadenas de suministro tecnológico frente al dominio chino del sector. Mientras, en el plano doméstico, Xi Jinping inspeccionó esta semana la provincia de Shandong para impulsar la iniciativa “Dunbanliang”, un programa de alto rendimiento agrícola que ya abarca 1,58 millones de mu y que, según medios estatales chinos, busca garantizar la seguridad alimentaria y transformar las cosechas récord en prosperidad duradera para los agricultores. La visita de Rahman concluye este viernes con su regreso a Daca, al tiempo que la causa contra Zapatero sigue su curso en la Audiencia Nacional. Se espera que la ola de visitas a Pekín continúe en los próximos meses, consolidando el papel de China como eje de la diplomacia global.
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La visita a Pekín y el pacto de semiconductores se presentan como el último embate de una ofensiva diplomática agresiva, destinada a expandir la influencia china en el sur de Asia y a desafiar el orden liderado por Estados Unidos. Bajo la retórica del desarrollo, los acuerdos se interpretan como un intento de crear dependencias tecnológicas y hacerse con el control de las cadenas de suministro críticas. Toda la operación se enmarca como una pieza de una estrategia a largo plazo para remodelar los equilibrios globales a favor de Pekín.
La visita del primer ministro de Bangladés y el pacto de semiconductores abren un nuevo capítulo de cooperación de beneficio mutuo, contribuyendo a la construcción de un orden multipolar más justo. Los acuerdos impulsarán el desarrollo y la autosuficiencia tecnológica, demostrando el compromiso de China con la prosperidad compartida. Este éxito diplomático encarna la visión de una comunidad de futuro compartido y consolida el papel de Pekín como socio fiable para el Sur Global.
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